Trastorno por Estrés Agudo

El trastorno por estrés agudo (TEA) es una condición psicológica que aparece después de haber experimentado o presenciado un evento altamente traumático, como un accidente grave, un desastre natural, una agresión física o sexual, o situaciones de amenaza extrema. Se caracteriza por una serie de síntomas intensos que surgen poco después del trauma y que afectan de manera significativa la vida diaria de la persona.
Este trastorno comparte muchas similitudes con el trastorno por estrés postraumático (TEPT), pero se diferencia principalmente en el tiempo de aparición y duración de los síntomas. El TEA se manifiesta durante las primeras cuatro semanas posteriores al evento traumático y sus síntomas persisten por un mínimo de tres días y un máximo de un mes. Si los síntomas se prolongan más allá de ese período, el diagnóstico puede cambiar a TEPT.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran las reviviscencias, en las que la persona vuelve a experimentar el evento a través de recuerdos angustiosos, pesadillas o incluso flashbacks. También aparece la evitación, es decir, el rechazo a hablar, pensar o enfrentarse a situaciones relacionadas con el trauma.
Otro grupo de síntomas corresponde a la hiperactivación, donde la persona presenta irritabilidad, sobresaltos exagerados, dificultad para dormir, problemas de concentración y una vigilancia constante del entorno. A esto se suman los síntomas de disociación, que incluyen sensación de irrealidad, desconexión emocional, embotamiento afectivo o incluso amnesia parcial sobre lo sucedido.
La combinación de estos síntomas genera un gran malestar emocional y puede interferir en el rendimiento escolar, laboral y en las relaciones interpersonales. Muchas veces las personas que lo padecen sienten miedo, culpa, impotencia o vergüenza, lo que complica aún más el proceso de recuperación.
El riesgo de desarrollar un TEA aumenta en quienes han estado expuestos a traumas repetidos, tienen antecedentes de trastornos de ansiedad o depresión, carecen de una red de apoyo social sólida, o experimentaron reacciones de intensa desesperanza durante el evento traumático.
El diagnóstico se realiza a través de una evaluación clínica llevada a cabo por un psicólogo o psiquiatra, tomando en cuenta los criterios del DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales). Es importante diferenciarlo de reacciones emocionales normales posteriores a un trauma, ya que no todas las personas desarrollan un trastorno clínico.
En cuanto al tratamiento, el abordaje más eficaz es la terapia psicológica, en particular la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, que ayuda al paciente a procesar la experiencia, identificar pensamientos negativos y desarrollar estrategias de afrontamiento saludables. Otras terapias de apoyo, como la terapia de exposición o la desensibilización mediante movimientos oculares (EMDR), también han mostrado buenos resultados.
El uso de medicamentos no es la primera línea de tratamiento, pero en casos de ansiedad intensa, insomnio o síntomas depresivos, el especialista puede indicar ansiolíticos o antidepresivos como apoyo temporal.
La detección temprana es clave para evitar que el trastorno evolucione hacia un estrés postraumático crónico. Con una intervención adecuada, la mayoría de las personas con TEA se recupera de manera satisfactoria y logra retomar sus actividades normales.
En resumen, el trastorno por estrés agudo es una reacción psicológica intensa y limitada en el tiempo que surge después de un evento traumático. Aunque puede ser muy incapacitante en el corto plazo, el diagnóstico precoz, la psicoterapia y el apoyo social resultan fundamentales para prevenir complicaciones y favorecer la recuperación.