Migraña: causas, síntomas, diagnóstico, tratamiento y prevención
La migraña es una enfermedad neurológica crónica caracterizada por episodios repetitivos de dolor de cabeza, generalmente de intensidad moderada a severa, que puede interferir significativamente con las actividades diarias. A diferencia de un dolor de cabeza común, la migraña suele acompañarse de otros síntomas como náuseas, vómitos y una mayor sensibilidad a la luz, los sonidos o los olores.
Es una de las enfermedades neurológicas más frecuentes en el mundo y afecta con mayor frecuencia a las mujeres que a los hombres. Puede comenzar en la infancia, la adolescencia o la adultez temprana, aunque también puede aparecer más adelante en la vida. La intensidad y la frecuencia de las crisis varían considerablemente entre las personas: algunas presentan pocos episodios al año, mientras que otras sufren migrañas varias veces al mes.
¿Qué ocurre durante una migraña?
Aunque durante muchos años se creyó que la migraña era únicamente un problema de los vasos sanguíneos, actualmente se sabe que es una alteración del funcionamiento del sistema nervioso. En una crisis migrañosa se activan determinadas áreas del cerebro y del nervio trigémino, lo que provoca la liberación de sustancias inflamatorias que sensibilizan las terminaciones nerviosas y producen dolor.
Además del dolor, estos cambios afectan otras funciones del cerebro, explicando síntomas como alteraciones visuales, dificultad para concentrarse, mareo o sensibilidad exagerada a estímulos externos.
Causas
La causa exacta de la migraña no se conoce por completo, pero se considera una enfermedad multifactorial en la que intervienen factores genéticos, neurológicos y ambientales.
Las personas con antecedentes familiares tienen un mayor riesgo de desarrollarla, ya que existe una importante predisposición hereditaria.
Entre los factores que pueden desencadenar una crisis se encuentran:
- Estrés físico o emocional.
- Cambios hormonales durante el ciclo menstrual.
- Falta o exceso de sueño.
- Saltarse comidas o ayunar durante muchas horas.
- Deshidratación.
- Consumo de alcohol, especialmente vino tinto.
- Algunos alimentos como quesos curados, embutidos o productos con glutamato monosódico en personas susceptibles.
- Exceso de cafeína o suspensión brusca de su consumo.
- Luces intensas o parpadeantes.
- Olores fuertes.
- Cambios bruscos del clima.
- Actividad física intensa en algunas personas.
Es importante señalar que los desencadenantes no son iguales para todos los pacientes.
Tipos de migraña
La migraña puede presentarse de diferentes formas.
La migraña sin aura es la más frecuente y consiste en episodios de dolor de cabeza sin síntomas neurológicos previos.
La migraña con aura ocurre cuando antes del dolor aparecen manifestaciones neurológicas transitorias, como destellos luminosos, líneas en zigzag, pérdida parcial de la visión, hormigueo en una parte del cuerpo o dificultad temporal para hablar.
La migraña crónica se diagnostica cuando el dolor de cabeza está presente al menos 15 días al mes durante más de tres meses y al menos ocho de esos días cumplen características de migraña.
También existen formas menos frecuentes, como la migraña vestibular, en la que predominan los episodios de vértigo o mareo, y la migraña hemipléjica, una variante rara que ocasiona debilidad temporal de un lado del cuerpo.
Fases de una migraña
Muchas personas experimentan cuatro fases durante una crisis.
La fase prodrómica puede iniciar entre horas y dos días antes del dolor. Durante este periodo pueden aparecer cambios de humor, cansancio, antojos, rigidez en el cuello, dificultad para concentrarse o bostezos frecuentes.
La fase de aura ocurre solo en algunos pacientes y suele durar entre 5 y 60 minutos.
La fase de dolor puede prolongarse entre 4 y 72 horas si no recibe tratamiento. El dolor suele ser pulsátil, afectar un solo lado de la cabeza aunque también puede ser bilateral, empeorar con la actividad física y acompañarse de náuseas, vómitos y sensibilidad a la luz, el ruido o los olores.
La fase posdrómica aparece después de la crisis y puede provocar cansancio intenso, dificultad para concentrarse y sensación de agotamiento durante uno o dos días.
Síntomas
Los síntomas más frecuentes incluyen:
- Dolor de cabeza pulsátil.
- Dolor moderado o intenso.
- Dolor localizado en uno o ambos lados de la cabeza.
- Empeoramiento con la actividad física.
- Náuseas.
- Vómitos.
- Sensibilidad a la luz (fotofobia).
- Sensibilidad al sonido (fonofobia).
- Sensibilidad a los olores.
- Mareo.
- Visión borrosa.
- Alteraciones visuales en quienes presentan aura.
Diagnóstico
El diagnóstico es principalmente clínico y se basa en las características del dolor y los síntomas asociados.
El médico realiza una historia clínica detallada y un examen neurológico completo. En la mayoría de los casos no son necesarios estudios especiales.
Sin embargo, puede solicitarse una tomografía computarizada o una resonancia magnética cuando el dolor aparece de forma repentina e intensa, inicia después de los 50 años, existen alteraciones neurológicas persistentes, hay cambios importantes en el patrón habitual de las cefaleas o se sospecha otra enfermedad.
Tratamiento
El tratamiento tiene dos objetivos: aliviar la crisis cuando aparece y prevenir nuevos episodios.
Durante una crisis pueden utilizarse analgésicos como paracetamol o antiinflamatorios no esteroideos. En migrañas moderadas o intensas suelen emplearse medicamentos específicos llamados triptanes. En algunos pacientes también se indican fármacos para controlar las náuseas y los vómitos.
Cuando las migrañas son frecuentes o incapacitantes, el médico puede recomendar tratamiento preventivo diario. Entre los medicamentos utilizados se encuentran algunos betabloqueadores, anticonvulsivos como el topiramato, antidepresivos y fármacos dirigidos contra el péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP). En ciertos casos también puede emplearse la toxina botulínica tipo A para la migraña crónica.
Es importante evitar el uso excesivo de analgésicos, ya que tomarlos con demasiada frecuencia puede provocar cefalea por abuso de medicamentos.
Medidas para prevenir las crisis
Adoptar hábitos saludables puede disminuir la frecuencia e intensidad de las migrañas.
Se recomienda mantener horarios regulares de sueño, no omitir comidas, beber suficiente agua, realizar actividad física de forma constante, controlar el estrés mediante técnicas de relajación y llevar un registro de las crisis para identificar posibles desencadenantes.
También es conveniente limitar el consumo excesivo de cafeína y evitar aquellos alimentos o situaciones que cada persona identifique como desencadenantes.
Complicaciones
Aunque la migraña no suele poner en peligro la vida, puede ocasionar diversas complicaciones cuando no se controla adecuadamente.
Entre ellas se encuentran:
- Migraña crónica.
- Cefalea por abuso de medicamentos.
- Disminución importante de la calidad de vida.
- Ausentismo escolar o laboral.
- Trastornos del sueño.
- Ansiedad y depresión.
- Estado migrañoso, una crisis que dura más de 72 horas.
- En personas con migraña con aura, existe un ligero aumento del riesgo de accidente cerebrovascular, especialmente si además fuman o utilizan anticonceptivos con estrógenos.
Pronóstico
La migraña es una enfermedad crónica, pero puede controlarse eficazmente en la mayoría de los pacientes mediante una combinación de cambios en el estilo de vida, identificación de los desencadenantes y tratamiento farmacológico cuando es necesario.
Con un manejo adecuado, muchas personas logran reducir significativamente la frecuencia e intensidad de las crisis, mejorando su calidad de vida y manteniendo sus actividades cotidianas con normalidad.
