Radiculopatía: causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento
La radiculopatía es un trastorno neurológico que ocurre cuando una o más raíces nerviosas que salen de la médula espinal son comprimidas, irritadas o lesionadas. Esta afección provoca dolor, debilidad, entumecimiento y alteraciones de la sensibilidad en la zona del cuerpo que depende del nervio afectado. Puede presentarse en cualquier parte de la columna vertebral, aunque es más frecuente en las regiones cervical (cuello) y lumbar (parte baja de la espalda).
La columna vertebral está formada por vértebras separadas por discos intervertebrales que funcionan como amortiguadores. Entre las vértebras existen pequeños espacios llamados forámenes intervertebrales, por donde salen las raíces nerviosas hacia distintas partes del cuerpo. Cuando estos espacios se estrechan o una estructura presiona el nervio, aparece la radiculopatía.
Las raíces nerviosas transmiten señales motoras y sensitivas entre el cerebro, la médula espinal y el resto del organismo. Si una raíz nerviosa es comprimida, la comunicación se altera y pueden aparecer diversos síntomas según el nervio afectado.
La causa más frecuente de radiculopatía es la hernia de disco. En este problema, el material interno del disco intervertebral sobresale o se rompe, ejerciendo presión sobre una raíz nerviosa cercana. Es una causa habitual en personas de mediana edad y adultos jóvenes.
Otra causa importante es la degeneración de la columna relacionada con el envejecimiento. Con el paso de los años, los discos pierden agua y elasticidad, disminuye su altura y pueden formarse osteofitos, conocidos como “picos de loro”. Estos cambios reducen el espacio disponible para los nervios.
La estenosis espinal también puede producir radiculopatía. Se trata del estrechamiento del canal vertebral o de los forámenes por donde pasan las raíces nerviosas, lo que aumenta la presión sobre ellas.
Otras causas incluyen traumatismos, fracturas vertebrales, espondilolistesis (desplazamiento de una vértebra sobre otra), tumores, infecciones, quistes sinoviales, enfermedades inflamatorias y, en ocasiones, complicaciones posteriores a una cirugía de columna.
La radiculopatía cervical afecta las raíces nerviosas del cuello. El dolor suele comenzar en la región cervical y extenderse hacia el hombro, brazo, antebrazo o mano. Dependiendo del nervio comprometido, puede presentarse pérdida de fuerza para levantar objetos, dificultad para mover los dedos o disminución de los reflejos.
La radiculopatía lumbar es la más frecuente. Produce dolor en la espalda baja que puede irradiarse hacia el glúteo, el muslo, la pierna y el pie. Cuando el nervio ciático está involucrado, este cuadro suele conocerse como ciática.
En algunos casos también puede presentarse radiculopatía torácica, aunque es mucho menos común. Provoca dolor que rodea el tórax o el abdomen siguiendo el trayecto de las costillas, por lo que en ocasiones puede confundirse con enfermedades cardíacas, pulmonares o digestivas.
Los síntomas dependen de la raíz nerviosa afectada y de la intensidad de la compresión. El dolor suele describirse como punzante, quemante o semejante a una descarga eléctrica. Puede empeorar al toser, estornudar, cargar peso o permanecer mucho tiempo en una misma posición.
Es frecuente que aparezcan hormigueo, adormecimiento o pérdida de sensibilidad en determinadas áreas de la piel. Estas alteraciones siguen un patrón específico denominado dermatoma, lo que ayuda al médico a identificar qué raíz nerviosa está comprometida.
Cuando la compresión es importante, también puede existir debilidad muscular. El paciente puede notar dificultad para levantar el pie al caminar, sostener objetos, extender el brazo o realizar movimientos finos con la mano.
Durante la exploración física, el médico evalúa la fuerza muscular, los reflejos, la sensibilidad y ciertas maniobras que reproducen el dolor. En la radiculopatía lumbar puede utilizarse la prueba de elevación de la pierna recta, mientras que en la cervical suele emplearse la maniobra de Spurling.
El diagnóstico se basa en la historia clínica, la exploración física y estudios de imagen. La resonancia magnética es el método de elección porque permite visualizar con gran detalle los discos intervertebrales, las raíces nerviosas y la médula espinal.
La tomografía computarizada puede ser útil cuando la resonancia no está disponible o está contraindicada. Las radiografías ayudan a identificar alteraciones óseas, aunque no muestran directamente los nervios.
En algunos pacientes se realizan estudios de conducción nerviosa y electromiografía, los cuales permiten evaluar el funcionamiento de los nervios y diferenciar la radiculopatía de otras enfermedades neurológicas.
El tratamiento depende de la causa y de la gravedad de los síntomas. En la mayoría de los casos se inicia con medidas conservadoras.
El reposo absoluto no suele recomendarse por periodos prolongados. En cambio, se aconseja mantener una actividad física moderada, evitando movimientos que agraven el dolor.
Los medicamentos utilizados pueden incluir analgésicos como el Paracetamol y antiinflamatorios no esteroideos como el Ibuprofeno o el Naproxeno, siempre bajo indicación médica. En algunos casos también se emplean relajantes musculares, corticosteroides o medicamentos para el dolor neuropático, como la Gabapentina y la Pregabalina.
La fisioterapia desempeña un papel fundamental en la recuperación. Los ejercicios fortalecen la musculatura que sostiene la columna, mejoran la postura, aumentan la flexibilidad y reducen el riesgo de nuevas lesiones.
Cuando el tratamiento conservador no logra controlar los síntomas, pueden considerarse infiltraciones epidurales con corticosteroides para disminuir la inflamación alrededor de la raíz nerviosa.
La cirugía se reserva para pacientes con dolor intenso que no mejora tras varias semanas o meses de tratamiento, debilidad muscular progresiva, pérdida importante de la función o compresión severa de la médula espinal o de las raíces nerviosas. Entre los procedimientos más comunes se encuentran la discectomía, la laminectomía y la foraminotomía, cuyo objetivo es liberar el nervio comprimido.
La prevención incluye mantener un peso saludable, realizar actividad física regularmente, fortalecer los músculos del abdomen y la espalda, adoptar una buena postura al sentarse y levantar objetos utilizando las piernas en lugar de la espalda. También es recomendable evitar el tabaquismo, ya que acelera la degeneración de los discos intervertebrales.
El pronóstico suele ser favorable cuando el diagnóstico y el tratamiento son oportunos. Muchas personas experimentan una recuperación completa con medidas conservadoras, aunque algunos casos pueden requerir procedimientos especializados. Identificar los síntomas de manera temprana y buscar atención médica permite reducir el riesgo de daño nervioso permanente y mejorar significativamente la calidad de vida.
