Neuralgia del trigémino: dolor facial intenso de origen neuropático

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La neuralgia del trigémino es un trastorno neurológico caracterizado por episodios de dolor facial intenso, breve y recurrente, que sigue el trayecto del nervio trigémino, uno de los principales nervios sensitivos de la cara. Este nervio se divide en tres ramas: oftálmica, maxilar y mandibular, por lo que el dolor puede localizarse en la frente, el ojo, la mejilla, la mandíbula, los dientes o las encías. Se considera una de las formas de dolor más intensas que puede experimentar una persona.

La causa más frecuente de la neuralgia del trigémino es la compresión del nervio por un vaso sanguíneo, generalmente una arteria, en el punto donde el nervio emerge del tronco encefálico. Esta compresión produce un daño progresivo en la mielina, la capa protectora del nervio, lo que genera una transmisión anormal de los impulsos nerviosos. Otras causas menos comunes incluyen tumores, malformaciones vasculares, lesiones traumáticas, infecciones o enfermedades desmielinizantes como la esclerosis múltiple.

Desde el punto de vista clínico, el dolor se describe como punzante, eléctrico, en forma de descarga o latigazo, y suele durar desde segundos hasta pocos minutos. Los episodios pueden repetirse varias veces al día y, con el tiempo, aumentar en frecuencia e intensidad. El dolor suele desencadenarse por estímulos cotidianos aparentemente inofensivos, como hablar, masticar, cepillarse los dientes, tocar la cara, afeitarse o incluso por una corriente de aire frío. Entre crisis, el paciente puede estar completamente libre de dolor, aunque en fases avanzadas puede persistir una molestia continua.

La neuralgia del trigémino afecta con mayor frecuencia a personas mayores de 50 años y es más común en mujeres. Generalmente compromete un solo lado de la cara, siendo rara la afectación bilateral. El impacto en la calidad de vida puede ser significativo, ya que el miedo a desencadenar el dolor lleva a algunos pacientes a evitar comer, hablar o realizar actividades sociales, lo que puede derivar en ansiedad, depresión y aislamiento.

El diagnóstico es fundamentalmente clínico, basado en la descripción característica del dolor y en la distribución del mismo a lo largo del nervio trigémino. Los estudios de imagen, especialmente la resonancia magnética, son esenciales para descartar causas secundarias como tumores, lesiones estructurales o esclerosis múltiple, así como para identificar la posible compresión vascular del nervio.

El tratamiento inicial de la neuralgia del trigémino es farmacológico. El fármaco de primera línea es la carbamazepina, un anticonvulsivo que reduce la excitabilidad del nervio. Otros medicamentos utilizados incluyen oxcarbazepina, gabapentina, pregabalina y baclofeno. Estos fármacos pueden ser muy eficaces, aunque en algunos pacientes pierden efectividad con el tiempo o producen efectos secundarios que limitan su uso.

Cuando el tratamiento médico no controla adecuadamente el dolor o no es bien tolerado, se consideran opciones quirúrgicas. Entre ellas se encuentran la descompresión microvascular, que busca separar el vaso sanguíneo que comprime el nervio, y procedimientos menos invasivos como la rizotomía percutánea o la radiocirugía, cuyo objetivo es interrumpir selectivamente la transmisión del dolor. La elección del tratamiento depende de la edad del paciente, su estado general de salud, la causa identificada y la respuesta a terapias previas.

El pronóstico de la neuralgia del trigémino es variable. Algunos pacientes logran un buen control del dolor durante largos periodos con tratamiento farmacológico, mientras que otros presentan recurrencias o evolución crónica. Aunque no suele poner en riesgo la vida, el dolor severo y repetitivo puede ser profundamente incapacitante si no se maneja de manera adecuada.

En resumen, la neuralgia del trigémino es una enfermedad neurológica dolorosa y compleja que requiere un diagnóstico preciso y un abordaje terapéutico individualizado. El reconocimiento temprano de sus síntomas y el tratamiento oportuno son claves para reducir el sufrimiento del paciente y mejorar su calidad de vida.

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