Hiperlaxitud articular
La hiperlaxitud articular es una condición en la que una o varias articulaciones tienen un rango de movimiento mayor al considerado habitual. Esto ocurre porque los ligamentos y otros tejidos que ayudan a estabilizar las articulaciones permiten un movimiento más amplio. En muchas personas no provoca problemas y puede ser simplemente una característica física.
La hiperlaxitud puede presentarse desde la infancia y es relativamente frecuente. Algunas personas tienen mayor flexibilidad en prácticamente todo el cuerpo, mientras que otras solamente presentan movilidad excesiva en determinadas articulaciones, como los dedos, codos, rodillas, hombros o columna.
Entre las características que pueden observarse se encuentran la capacidad de doblar los dedos hacia atrás más de lo habitual, extender demasiado los codos o las rodillas, colocar las manos en el suelo manteniendo las piernas extendidas o realizar determinados movimientos que para otras personas resultan difíciles. Sin embargo, tener mucha flexibilidad no significa necesariamente tener una enfermedad.
Cuando la hiperlaxitud no produce síntomas, generalmente no requiere tratamiento. La situación es diferente cuando existe dolor frecuente, inestabilidad, esguinces repetidos, luxaciones o sensación de que una articulación se mueve demasiado. En estos casos puede hablarse de un trastorno relacionado con la hipermovilidad y es conveniente realizar una valoración médica.
Una de las herramientas utilizadas para valorar la hiperlaxitud generalizada es la escala de Beighton, que asigna puntos a determinados movimientos de los dedos, codos, rodillas y columna. Aunque puede ser útil como parte de una evaluación, por sí sola no establece un diagnóstico completo.
Los síntomas pueden variar considerablemente. Algunas personas presentan dolor después de permanecer mucho tiempo de pie o realizar actividad física, mientras que otras experimentan cansancio muscular porque los músculos tienen que trabajar más para estabilizar las articulaciones. También pueden aparecer torceduras o lesiones con mayor facilidad.
La actividad física puede ser beneficiosa. Los ejercicios destinados a fortalecer los músculos que rodean las articulaciones ayudan a mejorar la estabilidad y el control del movimiento. El entrenamiento de fuerza, realizado con una técnica adecuada y una progresión gradual, puede ser especialmente útil. No obstante, cuando existe hiperlaxitud sintomática, no suele ser recomendable buscar deliberadamente el máximo rango de movimiento mediante estiramientos extremos.
La hiperlaxitud también puede aparecer como parte de algunos trastornos del tejido conectivo. Uno de ellos es el síndrome de Ehlers-Danlos, aunque tener articulaciones hipermóviles no significa automáticamente padecer este síndrome. Para sospechar una enfermedad del tejido conectivo deben existir otros hallazgos y antecedentes que justifiquen una evaluación especializada.
Es importante diferenciar entre flexibilidad, hiperlaxitud e hipermovilidad sintomática. Una persona puede ser muy flexible y encontrarse completamente sana. La hiperlaxitud describe principalmente un rango de movimiento aumentado, mientras que los problemas aparecen cuando esa movilidad se acompaña de dolor, inestabilidad u otras manifestaciones.
El tratamiento depende de los síntomas. Puede incluir fisioterapia, fortalecimiento muscular, ejercicios de propiocepción y educación sobre la forma de proteger las articulaciones durante las actividades cotidianas y deportivas. En algunos casos se utilizan medidas temporales de soporte, especialmente después de una lesión.
La hiperlaxitud articular, por sí misma, no necesariamente representa un problema de salud. Muchas personas viven con ella sin presentar ninguna limitación. Sin embargo, cuando existe dolor persistente, luxaciones recurrentes, lesiones frecuentes o una disminución importante de la capacidad para realizar actividades normales, es recomendable consultar a un profesional de la salud para determinar la causa y establecer un tratamiento adecuado.
