Sífilis: causas, etapas, síntomas y prevención
La sífilis es una infección de transmisión sexual causada por la bacteria Treponema pallidum. Puede afectar a personas de cualquier edad y, aunque puede llegar a producir complicaciones graves cuando no se trata, es curable con el tratamiento adecuado.
La transmisión ocurre principalmente mediante contacto directo con lesiones infecciosas durante relaciones sexuales vaginales, anales u orales. También puede transmitirse de una persona embarazada al bebé durante el embarazo o el parto. La bacteria puede ingresar al organismo a través de pequeñas lesiones de la piel o de las mucosas.
Una característica importante de la sífilis es que puede pasar por diferentes etapas y, en algunos periodos, no producir síntomas evidentes. Por ello, una persona puede tener la infección y transmitirla sin saberlo.
Sífilis primaria
La primera etapa suele comenzar con la aparición de una lesión llamada chancro en el lugar por donde entró la bacteria. Puede aparecer en los genitales, el ano, la boca u otras zonas que hayan tenido contacto con la infección.
El chancro generalmente es una úlcera firme y, a diferencia de muchas otras lesiones genitales, suele ser indolora. Puede desaparecer por sí solo después de algunas semanas, pero esto no significa que la infección haya desaparecido.
También pueden inflamarse los ganglios linfáticos cercanos.
Sífilis secundaria
Si la infección no recibe tratamiento, puede avanzar a una segunda etapa. Uno de los signos más característicos es la aparición de una erupción en la piel, que puede afectar distintas partes del cuerpo y, en algunos casos, incluir las palmas de las manos y las plantas de los pies.
También pueden presentarse fiebre, cansancio, dolor de garganta, inflamación de los ganglios, dolor muscular y pérdida de cabello en algunas zonas.
Al igual que el chancro inicial, estos síntomas pueden desaparecer sin tratamiento. Sin embargo, la bacteria continúa presente en el organismo.
Sífilis latente
Después de las etapas iniciales puede comenzar un periodo en el que la persona no presenta síntomas. Esta fase recibe el nombre de sífilis latente.
La ausencia de síntomas no significa que la infección haya sido eliminada. Puede permanecer en el organismo durante años y, dependiendo del caso, progresar posteriormente.
Sífilis terciaria
Sin tratamiento, algunas personas pueden desarrollar sífilis terciaria muchos años después de la infección inicial. Esta etapa puede provocar daños importantes en diferentes órganos.
Puede afectar el corazón y los vasos sanguíneos, el cerebro, la médula espinal, los ojos y otros órganos. También puede ocasionar problemas neurológicos, cardiovasculares o visuales que pueden ser permanentes.
La sífilis también puede afectar el sistema nervioso o los ojos en diferentes etapas de la infección, no únicamente durante la etapa terciaria.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico suele realizarse mediante pruebas de sangre. Dependiendo del caso, los profesionales de la salud pueden utilizar diferentes tipos de pruebas para determinar si existe una infección activa o si la persona tuvo sífilis anteriormente.
Cuando existen lesiones características, también pueden realizarse pruebas directamente sobre ellas en determinadas circunstancias.
Debido a que la enfermedad puede permanecer sin síntomas, las pruebas son especialmente importantes cuando existe posibilidad de exposición.
Tratamiento
La sífilis se trata con antibióticos, y la penicilina es el tratamiento de referencia, especialmente en determinadas etapas y durante el embarazo. El esquema específico depende de la etapa de la infección y de las características de cada persona.
Es importante completar el tratamiento indicado y acudir al seguimiento médico correspondiente. También es necesario informar a las parejas sexuales que puedan haber estado expuestas para que puedan recibir evaluación y, si corresponde, tratamiento.
No es recomendable automedicarse ni utilizar antibióticos por cuenta propia.
Prevención
El uso correcto de preservativos puede reducir considerablemente el riesgo de transmisión, aunque no elimina completamente el riesgo porque las lesiones pueden encontrarse en áreas que el preservativo no cubre.
Mantener relaciones sexuales con una pareja que se haya realizado pruebas y no tenga la infección también reduce el riesgo. Además, realizarse pruebas de infecciones de transmisión sexual permite detectar casos que todavía no producen síntomas.
La sífilis no se transmite normalmente por compartir baños, piscinas, cubiertos, ropa o asientos, ya que requiere principalmente contacto directo con lesiones infecciosas o determinadas vías de transmisión.
En el embarazo, la detección y el tratamiento oportunos son especialmente importantes porque la infección puede transmitirse al bebé y provocar sífilis congénita, que puede ocasionar complicaciones graves.
En conclusión, la sífilis es una infección que puede permanecer silenciosa y avanzar durante años si no se detecta. Sin embargo, puede curarse, y la detección temprana permite evitar complicaciones y reducir la transmisión. Ante una posible exposición o la aparición de una lesión, erupción u otros síntomas compatibles, lo adecuado es acudir a un profesional de salud para realizar las pruebas correspondientes.
