Proctitis
La proctitis es una inflamación del revestimiento del recto, que es la porción final del intestino grueso situada justo antes del ano. Esta afección puede causar molestias importantes y afectar la calidad de vida de quien la padece. Puede presentarse de forma aguda o crónica, dependiendo de la causa y de la duración de los síntomas.
La inflamación del recto puede deberse a múltiples factores, entre los que se incluyen infecciones, enfermedades inflamatorias intestinales, tratamientos médicos, trastornos autoinmunes y ciertas prácticas o condiciones que irritan la mucosa rectal. La proctitis puede aparecer en personas de cualquier edad y sexo, aunque algunas causas son más frecuentes en determinados grupos de población.
Entre las causas más comunes de la proctitis se encuentran las infecciones de transmisión sexual, como las provocadas por Neisseria gonorrhoeae, Chlamydia trachomatis, el virus del herpes simple y la sífilis. Estas infecciones son más frecuentes en personas que practican sexo anal sin protección. También pueden causar proctitis algunas infecciones intestinales bacterianas, virales o parasitarias.
Otra causa importante es la enfermedad inflamatoria intestinal, principalmente la colitis ulcerosa y, en menor medida, la enfermedad de Crohn. En la colitis ulcerosa, la inflamación suele iniciar en el recto y puede extenderse al resto del colon, por lo que la proctitis puede ser la forma inicial o limitada de esta enfermedad.
La radioterapia aplicada en la región pélvica para el tratamiento de cánceres como el de próstata, cuello uterino o recto puede provocar proctitis por radiación. Esta puede manifestarse de manera temprana, durante o poco después del tratamiento, o de forma tardía, meses o incluso años después de haber recibido radiación.
El uso de ciertos antibióticos, laxantes, enemas irritantes o la introducción de sustancias químicas en el recto también pueden causar inflamación rectal. Asimismo, la disminución del flujo sanguíneo al recto, conocida como proctitis isquémica, puede presentarse en personas mayores o con enfermedades vasculares.
Los síntomas de la proctitis varían en intensidad según la causa y el grado de inflamación. Los más frecuentes incluyen dolor o ardor rectal, sensación constante de necesidad de evacuar (tenesmo), sangrado rectal, secreción mucosa o purulenta, diarrea, estreñimiento y dolor al evacuar. Algunas personas pueden experimentar prurito anal, fiebre o malestar general, especialmente si la causa es infecciosa.
El diagnóstico de la proctitis se basa en la historia clínica, la exploración física y estudios complementarios. El médico puede realizar un tacto rectal para evaluar sensibilidad, dolor o sangrado. La rectoscopia o sigmoidoscopia permite observar directamente la mucosa del recto y detectar signos de inflamación, ulceraciones o sangrado. En algunos casos se toman biopsias para confirmar el diagnóstico y determinar la causa. También pueden solicitarse estudios de laboratorio, como análisis de heces, cultivos, pruebas para infecciones de transmisión sexual y análisis de sangre.
El tratamiento de la proctitis depende directamente de su causa. En casos infecciosos, se utilizan antibióticos, antivirales o antiparasitarios específicos según el microorganismo identificado. Cuando la proctitis está relacionada con enfermedades inflamatorias intestinales, el tratamiento puede incluir medicamentos antiinflamatorios como mesalazina, corticoides o inmunomoduladores, administrados por vía oral, rectal o ambas.
En la proctitis por radiación, el manejo puede incluir supositorios o enemas con antiinflamatorios, sucralfato u otros fármacos destinados a proteger y reparar la mucosa rectal. En situaciones más severas, se pueden requerir tratamientos endoscópicos o quirúrgicos. Si la causa es irritativa o medicamentosa, la suspensión del agente desencadenante suele ser fundamental para la mejoría.
Además del tratamiento médico, se recomienda mantener una dieta equilibrada, evitar alimentos irritantes, beber suficiente agua y seguir las indicaciones médicas para reducir los síntomas. En algunos casos, el uso de analgésicos y medidas locales puede ayudar a aliviar el dolor y la incomodidad.
Las complicaciones de la proctitis dependen de la causa y de la duración del cuadro. Pueden incluir sangrado crónico, anemia, úlceras rectales, estenosis del recto y, en casos severos o mal controlados, riesgo de infecciones más profundas. En la proctitis asociada a enfermedades inflamatorias intestinales, un control inadecuado puede favorecer la extensión de la enfermedad al resto del colon.
La prevención de la proctitis se basa en el control de los factores de riesgo. El uso de preservativo en las relaciones sexuales, el tratamiento oportuno de infecciones, el seguimiento médico en pacientes con enfermedades inflamatorias intestinales y el cuidado durante tratamientos como la radioterapia son medidas clave para reducir su aparición.
En resumen, la proctitis es una inflamación del recto con múltiples causas y manifestaciones clínicas. Un diagnóstico adecuado y un tratamiento oportuno son esenciales para aliviar los síntomas, prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida del paciente.
