Erisipela: explicación completa y detallada

0
IMG_8631
Spread the love

La erisipela es una infección bacteriana aguda de la piel y del tejido subcutáneo superficial. Se caracteriza por la aparición repentina de una lesión cutánea roja, inflamada, caliente y dolorosa, con bordes bien definidos. Es una enfermedad que requiere atención médica oportuna, ya que, aunque suele responder bien al tratamiento, puede presentar complicaciones si no se trata adecuadamente.

La erisipela es causada principalmente por bacterias del género Streptococcus, en especial Streptococcus pyogenes (estreptococo betahemolítico del grupo A). Estas bacterias ingresan al organismo a través de pequeñas lesiones en la piel, como cortaduras, rasguños, picaduras de insectos, grietas, úlceras, heridas quirúrgicas o infecciones previas como el pie de atleta.

Esta infección afecta con mayor frecuencia las capas superficiales de la piel y los vasos linfáticos cercanos, lo que explica la inflamación intensa y los bordes bien delimitados de la lesión. Puede presentarse en cualquier parte del cuerpo, pero es más común en las piernas y en el rostro.

Desde el punto de vista clínico, la erisipela suele iniciar de manera súbita. El paciente puede experimentar fiebre alta, escalofríos, malestar general, debilidad, dolor de cabeza y, en algunos casos, náuseas. Poco después aparecen los cambios en la piel: una zona roja brillante, caliente al tacto, dolorosa y ligeramente elevada, que se extiende con rapidez. La piel puede verse tensa y brillante, y en ocasiones se forman ampollas o pequeñas vesículas.

En el caso de la erisipela facial, la infección suele afectar mejillas y nariz, con un patrón característico en forma de alas de mariposa. En las extremidades inferiores, es frecuente que se acompañe de inflamación importante y dolor al caminar.

Existen diversos factores de riesgo que aumentan la probabilidad de desarrollar erisipela. Entre ellos se encuentran la diabetes mellitus, la obesidad, la insuficiencia venosa crónica, el linfedema, el alcoholismo, la edad avanzada, la inmunosupresión y la presencia de enfermedades de la piel. Las personas que han tenido episodios previos de erisipela tienen mayor riesgo de recurrencia, especialmente si persisten los factores predisponentes.

El diagnóstico de la erisipela es principalmente clínico, es decir, se basa en la exploración física y en los síntomas del paciente. Generalmente no se requieren estudios de laboratorio para confirmar el diagnóstico, aunque en casos graves o con complicaciones pueden solicitarse análisis de sangre para evaluar signos de infección sistémica. Los cultivos no siempre son útiles, ya que la bacteria suele encontrarse en capas profundas de la piel.

El tratamiento de la erisipela se basa en el uso de antibióticos, siendo la penicilina el fármaco de elección en la mayoría de los casos. En personas alérgicas a la penicilina se pueden utilizar otros antibióticos como macrólidos o cefalosporinas, según el caso. El tratamiento suele durar entre 7 y 14 días, dependiendo de la evolución clínica. En infecciones leves, el manejo puede ser ambulatorio, pero en casos severos, con fiebre alta, compromiso general o riesgo de complicaciones, puede ser necesaria la hospitalización y la administración de antibióticos por vía intravenosa.

Además del tratamiento antibiótico, es importante el reposo de la extremidad afectada, la elevación de la pierna en caso de erisipela en miembros inferiores, y el uso de analgésicos o antiinflamatorios para controlar el dolor y la fiebre. También se deben tratar las puertas de entrada de la infección, como heridas, micosis o úlceras, para evitar recaídas.

Las complicaciones de la erisipela, aunque no son frecuentes con un tratamiento adecuado, pueden ser graves. Entre ellas se incluyen la formación de abscesos, la diseminación de la infección a tejidos más profundos, la sepsis, la tromboflebitis y el daño crónico de los vasos linfáticos, lo que puede causar linfedema persistente. Las recurrencias repetidas pueden provocar engrosamiento y endurecimiento de la piel.

La prevención de la erisipela se basa en el cuidado adecuado de la piel. Es fundamental mantener la piel limpia e hidratada, tratar de forma oportuna las infecciones cutáneas, evitar lesiones, cuidar heridas y controlar enfermedades crónicas como la diabetes. En personas con episodios recurrentes, el médico puede considerar el uso de antibióticos preventivos a largo plazo.

En conclusión, la erisipela es una infección cutánea aguda de origen bacteriano que se manifiesta con síntomas locales y generales importantes. Aunque suele tener buen pronóstico con tratamiento oportuno, su reconocimiento temprano y el manejo adecuado son clave para evitar complicaciones y recurrencias.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *