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La pulmonía intersticial es un grupo de enfermedades pulmonares caracterizadas por la inflamación y, en algunos casos, la fibrosis del intersticio pulmonar, que es el tejido que rodea y sostiene los alvéolos, los bronquiolos y los vasos sanguíneos del pulmón. A diferencia de la neumonía clásica, que afecta principalmente a los espacios alveolares llenándolos de exudado, la pulmonía intersticial compromete sobre todo la estructura de soporte del pulmón, alterando el intercambio normal de oxígeno y dióxido de carbono.

Este tipo de pulmonía puede presentarse de forma aguda, subaguda o crónica, dependiendo de la causa y de la respuesta del organismo. Puede afectar a personas de cualquier edad, aunque algunas formas son más frecuentes en adultos mayores. Su evolución es variable: en ciertos casos es reversible con tratamiento oportuno, mientras que en otros puede progresar hacia daño pulmonar permanente.

Las causas de la pulmonía intersticial son diversas. Puede ser provocada por infecciones virales, como influenza, coronavirus u otros virus respiratorios, por bacterias atípicas como Mycoplasma pneumoniae o Chlamydia pneumoniae, y en menor medida por hongos. También puede ser consecuencia de enfermedades autoinmunes, como lupus eritematoso sistémico, artritis reumatoide o esclerodermia. La exposición prolongada a sustancias tóxicas, polvos orgánicos e inorgánicos, medicamentos (como ciertos quimioterápicos o antibióticos) y radiación puede desencadenar este tipo de afectación pulmonar.

Desde el punto de vista fisiopatológico, la inflamación del intersticio provoca engrosamiento de las paredes alveolares, lo que dificulta el paso del oxígeno hacia la sangre. En casos prolongados o graves, la inflamación puede evolucionar hacia fibrosis pulmonar, una condición en la que el tejido pulmonar pierde elasticidad y se vuelve rígido, afectando de manera permanente la función respiratoria.

Los síntomas de la pulmonía intersticial suelen ser progresivos. El más característico es la disnea o sensación de falta de aire, inicialmente con el esfuerzo y posteriormente incluso en reposo. También es común la tos seca persistente, la fatiga, el malestar general y, en algunos casos, fiebre baja. A diferencia de otras neumonías, la producción de esputo suele ser escasa o inexistente. En fases avanzadas pueden presentarse cianosis, pérdida de peso y acropaquia (engrosamiento de las falanges distales de los dedos).

El diagnóstico de la pulmonía intersticial requiere una evaluación integral. La radiografía de tórax puede mostrar un patrón reticular o difuso, pero la tomografía computarizada de alta resolución es la herramienta más útil, ya que permite identificar con mayor precisión el tipo y la extensión del daño intersticial. Las pruebas de función pulmonar suelen mostrar un patrón restrictivo, con disminución de la capacidad pulmonar total y alteración en la difusión de gases. En algunos casos, se requieren estudios de laboratorio, broncoscopia o biopsia pulmonar para identificar la causa exacta.

El tratamiento depende de la etiología y de la gravedad del cuadro. Si la causa es infecciosa, se indican antivirales o antibióticos específicos según el agente responsable. En los casos relacionados con enfermedades autoinmunes o procesos inflamatorios no infecciosos, se utilizan corticoides e inmunosupresores para reducir la inflamación. El oxígeno suplementario es fundamental en pacientes con hipoxemia, y la rehabilitación pulmonar puede mejorar la calidad de vida y la capacidad funcional.

En situaciones avanzadas, cuando existe fibrosis pulmonar significativa y deterioro progresivo de la función respiratoria, el tratamiento se centra en el control de los síntomas y en frenar la progresión de la enfermedad. En casos seleccionados, el trasplante pulmonar puede ser una opción terapéutica.

La prevención de la pulmonía intersticial se basa en evitar exposiciones nocivas, controlar adecuadamente las enfermedades crónicas, utilizar protección respiratoria en ambientes de riesgo y mantener al día las vacunas respiratorias, especialmente contra influenza y neumococo.

En resumen, la pulmonía intersticial es una afección compleja y potencialmente grave que compromete el tejido de soporte del pulmón, altera el intercambio gaseoso y puede evolucionar hacia daño irreversible si no se diagnostica y trata de manera oportuna. Su abordaje temprano y multidisciplinario es clave para mejorar el pronóstico y la calidad de vida del paciente.

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