Hiperprolactinemia: causas, mecanismos fisiopatológicos, manifestaciones clínicas, diagnóstico y tratamiento
La hiperprolactinemia es un trastorno endocrino caracterizado por la elevación anormal de los niveles de prolactina en sangre. La prolactina es una hormona producida principalmente por la hipófisis anterior y su función más conocida es estimular la producción de leche en las glándulas mamarias después del parto. Sin embargo, también participa en la regulación del sistema reproductivo, el metabolismo, el sistema inmunológico y el equilibrio hormonal general, por lo que su aumento persistente puede generar múltiples alteraciones clínicas.
En condiciones normales, la secreción de prolactina está regulada principalmente por la dopamina, una sustancia producida en el hipotálamo que actúa como inhibidor. Cualquier alteración que disminuya la acción de la dopamina o estimule directamente a la hipófisis puede provocar un aumento de la prolactina. Este desequilibrio hormonal es más frecuente en mujeres en edad reproductiva, aunque también puede presentarse en hombres y en niños.
Las causas de la hiperprolactinemia pueden dividirse en fisiológicas, farmacológicas y patológicas. Entre las causas fisiológicas se encuentran el embarazo, la lactancia, el estrés intenso, el ejercicio vigoroso y el sueño, situaciones en las que el aumento de prolactina es transitorio y normal. Las causas farmacológicas incluyen el uso de medicamentos que bloquean la dopamina, como algunos antipsicóticos, antidepresivos, antieméticos, opioides y ciertos antihipertensivos, los cuales interfieren con el control inhibitorio de la prolactina.
Las causas patológicas son clínicamente las más relevantes. La más frecuente es el prolactinoma, un tumor benigno de la hipófisis que produce prolactina en exceso. Estos tumores pueden ser microadenomas, cuando miden menos de 10 mm, o macroadenomas, cuando superan ese tamaño y pueden comprimir estructuras vecinas. Otras causas incluyen enfermedades del hipotálamo o de la hipófisis, hipotiroidismo primario, insuficiencia renal crónica, cirrosis hepática y lesiones de la pared torácica que estimulan reflejos nerviosos asociados a la secreción de prolactina.
Desde el punto de vista fisiopatológico, la hiperprolactinemia interfiere con el eje hipotálamo-hipófisis-gónadas. Los niveles elevados de prolactina inhiben la secreción de la hormona liberadora de gonadotropinas, lo que reduce la producción de estrógenos en mujeres y de testosterona en hombres. Esta alteración hormonal explica gran parte de las manifestaciones clínicas, especialmente las relacionadas con la función reproductiva y sexual.
Las manifestaciones clínicas varían según el sexo, la edad y la magnitud del aumento de prolactina. En las mujeres, los síntomas más comunes incluyen alteraciones del ciclo menstrual como amenorrea u oligomenorrea, infertilidad, disminución de la libido y galactorrea, que es la secreción de leche por el pezón fuera del periodo de lactancia. En los hombres, puede presentarse disminución del deseo sexual, disfunción eréctil, infertilidad, ginecomastia y, con menor frecuencia, galactorrea. En ambos sexos, cuando la causa es un macroadenoma hipofisario, pueden aparecer cefalea y alteraciones visuales por compresión del quiasma óptico.
El diagnóstico de la hiperprolactinemia se basa en la medición de los niveles séricos de prolactina mediante análisis de sangre. Es importante confirmar la elevación con al menos una segunda determinación, idealmente en condiciones de reposo, ya que el estrés puede elevar transitoriamente la prolactina. Una vez confirmada, se deben investigar causas secundarias mediante estudios hormonales, pruebas de función tiroidea y revisión del uso de medicamentos. Cuando se sospecha un origen hipofisario, la resonancia magnética de la silla turca es el estudio de elección para identificar adenomas u otras lesiones.
El tratamiento depende de la causa subyacente y de la presencia de síntomas. En los casos fisiológicos, generalmente no se requiere tratamiento. Si la hiperprolactinemia es inducida por medicamentos, se valora la posibilidad de suspenderlos o sustituirlos. En el hipotiroidismo primario, el tratamiento con hormona tiroidea suele normalizar los niveles de prolactina. En los prolactinomas, el tratamiento de primera línea son los agonistas dopaminérgicos, como la cabergolina o la bromocriptina, que reducen la secreción de prolactina y disminuyen el tamaño del tumor en la mayoría de los pacientes.
La cirugía se reserva para casos poco frecuentes en los que el tratamiento farmacológico no es eficaz o no es tolerado, o cuando existen complicaciones neurológicas graves. La radioterapia es una opción excepcional y se utiliza en situaciones muy específicas. El seguimiento a largo plazo es fundamental, ya que algunos pacientes pueden requerir tratamiento prolongado y control periódico de los niveles hormonales y del tamaño tumoral.
En conclusión, la hiperprolactinemia es un trastorno hormonal frecuente con múltiples causas y manifestaciones clínicas diversas. Su identificación temprana y el abordaje adecuado permiten revertir los síntomas, preservar la función reproductiva y evitar complicaciones neurológicas. Un manejo individualizado, basado en la causa y las características del paciente, es clave para lograr un buen pronóstico y una adecuada calidad de vida.
